Día 285: Así fue mi madre

image_pdf

Hace 285 días dejaste tú último suspiro. La vida nunca volvió a ser igual. No recuerdo que siguiéramos esas costumbres sociales de festejar estos días. Nunca he entendido el “Día de las Madres” fuera del ámbito comercial, porque no teníamos “el día”, teníamos días a lo largo del año. Nunca hubo necesidad de un día para salir contigo, para estar contigo, para comer juntos, para disfrutarnos.

No tengo nada que festejar. Pasará mucho tiempo para que sea un día de festejo, quizá nunca lo sea. Aunque sí de conmemoración, porque es inevitable. Para bien o para mal la sociedad así lo impone.

Hemos continuado nuestras vidas. Te daría mucha alegría vernos. Verías que seguimos adelante así como tú seguías ante los momentos difíciles. Verías que estamos juntos y que estamos unidos. Verías que cuidamos mucho a papá y que él nos cuida. Verías que papá se mantiene saludable y mantiene un estado físico envidiable. Verías que sigo luchando por graduarme de doctorado, a pesar de todas las adversidades. Verías que tu niño se forma como un gran pedagogo, pero sobre todo que es una persona muy sensible, empática y humana.

Hoy —tu niño— nos llevó a ver “América” [1]. Este es un documental que da testimonio de los últimos años de vida de una señora: América. Ella es cuidada, principalmente, por su nieto Diego y, a veces, junto con sus dos hermanos.

Imagen 1: Diego y América, personajes principales del documental América.

Fueron muchos los momentos, durante todo el documental, en los que me sentí identificado. En muchos momentos fue revivir el pasado. Casi pude verte en América. Tus gestos, tus reacciones, tus deseos, tus momentos difíciles, pero también tu tenacidad por aferrarte a la vida. Te vi en ella. Nos vimos en ellos. Me vi en ellos. Fueron instantes de empatizar, con la consciencia de ver nuestro caso, pero indiscutiblemente similar. Todo sigue a flor de piel. Sigues muy presente.

Imagen 2: América pensativa en un paseo que Diego luchó por darle ante la resistencia de sus hermanos.

Tu presencia no precisa ser física, porque, en nuestra realidad, estás más presente que nunca, tan presente como siempre. Todos los días algo me remite a ti. Cualquier cosa, un olor, un lugar, un tiempo, un evento, una frase o un simple pensamiento.

Tú me enseñaste a defenderme. A ti debo esa característica con la que en muchos círculos sociales soy identificado. Desde muy pequeño me transmitiste esa consciencia para identificar las injusticias. Vaya que me enseñaste eso con pleno conocimiento, pues tu te enfrentaste a injusticias desde tu núcleo familiar. Ya algún día escribiré con más detalle de eso.

Fuiste una feminista sin saberlo. Fuiste quien defendió a su familia siempre que lo necesitó. Ayudaste a tus hermanos, defendiste a tus hermanas, cuidaste a tus sobrinas y sobrinos. Amaste a tu madre y a tu padre, a pensar de los demonios del pasado, y estuviste con ellos hasta el final.

Nos enseñaste a ser libres, a defender nuestra dignidad y nuestras libertades. Fuiste una persona muy adelantada a tu época. Tú, una persona de campo, que no tuvo la oportunidad de una carrera académica, tuviste una consciencia que con mucha frecuencia veo ausente en personas con educación superior o posgrado.

Así te recuerdo. Así tan grande como siempre fuiste.

Fuentes y referencias

  1. América, Ambulante, https://www.ambulante.org/documentales/america/
image_pdf

Deja un comentario